Mi instructora (Relato Lesbico)


Solo pensaba en follármela. En atacarla y llevármela a la cama, en sentir ese cuerpo para mí

Prepotente, fue lo primero que pensé de mi instructora el primer dia en el kick boxing. La miré y fue la primera palabra que me vino a la mente: cabello largo y rizado en una coleta, ojos café llegando a rojizo, sonrisa maligna y picara, un cuerpo robusto pero de vientre plano marcado, espalda amplia y un busto grande y precioso que cubria en un top gris.

Cuando me inscribí y ella me miró de arriba a bajo me sentí humillada. Tal vez es por mi tamaño pensé, ella me ganaba por 10 centímetros y mi cuerpo no era tan fuerte como el suyo, me veia mas bien rellenita del tipo fofa. Pero por eso fue que entré alli. Queria verme más segura. Queria ser mas fuerte.

La primera clase fue agotadora, casi moría con lo duro del entrenamiento, jamás habia hecho tantas flexiones y abdominales en mi vida, mucho menos golpes como loca.
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Pense que era frigida (Relato Lesbico)

Ella había intentado todo: Penetración con arnés, sexo anal, estimulación del clítoris, sexo oral, sadomasoquismo, pero nada funcionaba. Fue entonces, que año y meses después de sequía apareció Astrid: Una chica alemana que se había mudado enfrente de su departamento

Alexa era una joven delgada de cabello negro, ojos casi rojizos y sonrisa coqueta que se enmarcaba con las pecas de sus mejillas. Era lesbiana. Pero había momentos en los cuales creía que era asexual.

Ella se sentía frígida. Jamás había experimentado un orgasmo. Ni masturbándose. Era un problema que acababa con sus relaciones. Para ella era normal no tener una culminación, le gustaba excitarse y ya. En cambio a cada una de sus ex en sus momentos, le dijeron las mismas cosas, solo que en diferentes palabras, palabras que se resumían en lo mismo: No me amas tanto como para venirte conmigo.
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Marcas de ayer (Relato Lesbico)

Yo no sé muy bien qué pensar de ti, entre otras cosas porque desde que te conozco lo que menos me dejas es pensar

Tocar fondo es también una forma de rebotar. Aligerarse. Enterarse que en el fondo del agujero también soplan de pronto aires nuevos.
Esas eran las palabras que yo me daba cuando estaba acostada en mi tibia cama y recordaba mi vida hasta ahora vivida. Si van a despreciarte porque eres de lo peor, de una vez que se enteren que no tienes arreglo, pensaba hasta quedarme dormida.

Serían las ocho y quince minutos de la mañana cuando pisé la calle de aquella ciudad, donde trataría de continuar con mi vida, aunque intentando darle otro giro. Camine hasta buscar un hotel, en el centro, la ciudad me parecía muy bonita y las personas que pasaban a mi alrededor y que observaba parecían que aplicaban el lema “cada uno con su vida” y eso me daba tranquilidad.
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Caribe (Relato Lesbico)

Dos bellezas caribeñas se solazan en la playa. Aceptan la invitación de un rico paseante y terminan montando un número lésbico

El sol hace horas que se asoma sobre el azul horizonte que enfrenta a la inmensidad del cielo y el mar con los edificios descuidados y descoloridos que sin duda han conocido tiempos mejores.

Eva y Pamela tomaban el sol en la interminable playa de arena blanca, de arena de mármol molido, las dos solas como tantas veces, esperando despreocupadas y desocupadas la llegada del resto de los chicos de su pandilla. Es domingo, eso les ha permitido bajar antes a la playa. No diré que tienen una especial obsesión por ponerse morenas, pues no tienen el problema de mal color en la piel: Eva es mulata, y Pamela es morena.

Eva y Pamela se conocen desde siempre. Viven en el mismo barrio ruinoso desde toda la vida y han jugado juntas desde siempre, Son sus respectivas mejor amiga. Lo saben todo la una de la otra, pues todo se lo cuentan. Son como hermanas, y de hecho, se llaman la una a la otra “prima”.

Eva, la más morena, tiene ahora veintiún años, es de corpulencia mediana, pelo rizadísimo y largo, huelga decir que tiene unos ojos negros, y los labios carnosos y sensuales. La dulzura de su cara le hace tener muchos pretendientes en el barrio, pero ella se saber guardar para el hombre que le de una vida buena. Sus pechos son grandes y sus muslos en consonancia. Huelga decir que sus piernas son largas y su culo hermoso, bien hecho, de carne maciza.
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