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Las cartas de Mercedes III (Relato Lesbico)

El encuentro entre las dos mujeres, los sexos que se unen, el lazo definitivo y sempiterno de amor

Querida tía Seni. No te puedo negar, porque me conoces, que tu ultima carta me ha hecho vibrar como tú sabes que puedo hacerlo. Es un hermoso recuerdo el que tenías guardado, sobre todo que me lo cuentas en forma tan real.

Tengo que admitir que en ese mismo tiempo yo experimentaba en mi mente y sobre todo en mi cuerpo tal cantidad de estímulos que se me hacía difícil ordenarlos y procesarlos, simplemente respondía a ello con mi fogosidad que despertaba como un huracán.

Cuando te despedías de mí y sentía el ruido de tu auto alejándose de la casa me metía desnuda en tu cama, que aún mantenía tu tibieza y te imaginaba conmigo. Sobre todo que esa cama tenía tu perfume de mujer y tu olor de hembra. Esos olores me embriagaban de una manera tan poderosa que ahora me doy cuenta que llegaba a tener orgasmos (en ese momento no lo sabía) tan sólo con esos estímulos.

Allí estaba, a veces, más de una hora, con mis solitarias fantasías. Un día recuerdo que mi excitación llegó al límite, porque antes de meterme en tu cama, encontré sobre las sábanas unos calzones tuyos, con los cuales al parecer habías dormido. Los llevé a mi rostro y los olía con pasión. Estaban húmedos aún, con tu humedad y entonces me los puse. Fue como sentir tu sexo junto al mío y me acaricié con ellos para que mis líquidos se encontraran con los tuyos y me sentía feliz porque te tenía conmigo.
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Las cartas de Mercedes I (Relato Lesbico)

Unas cartas de la sobrina a su tía van revelando el inicio de una relación lésbica

Querida Tía Seni:

Hace solamente algunas horas que te deje en el aeropuerto y ya he sentido deseos de escribirte. Me siento particularmente bien, instalada en este centro Universitario que con tanto criterio seleccionaste para que yo pudiese continuar mis estudios. Es algo que debere agradecerte toda la vida, como he de agradecerte todas y cada una de las cosas que haces por mi, absolutamente todas.

Estoy rodeada del mejor ambiente y de todos los recursos que existen para llevar a buen termino mis estudios. Hay aquí magnificas instalaciones y los estudiantes son muy simpáticos y educados, me siento muy bien, pero tú sabes que ello no será suficiente para mitigar tu ausencia. Considera, tía Seni, que prácticamente es la primera vez que nos separamos. Recuerdo con particular aprecio la ultima vez, que tan sólo por tres días, me marché a ese campamento de vacaciones de mi colegio al cual insististe que fuera. Yo cumplía 18 en ese momento y tu dijiste que era bueno que comenzara a hacerme independiente.

Cuando volví, con la piel totalmente abrasada por el sol quedaste alarmada al contemplarme y me pediste que fuera hasta tu cuarto para que pudieses aliviar mis dolores con una crema que tú tenías. Estoy segura que lo recuerdas y sabes por qué al igual que yo.
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Las cartas de Mercedes II (Relato Lesbico)

La tía contesta a la carta y confiesa por primera vez la profundidad del deseo por su sobrina.

Querida Mercedes: Sí recuerdo esa noche en que por primera vez me mostré desnuda ante ti y la felicidad que me invadió ante tu serena y tierna reacción.

Esa noche cuando el primer placer mío contigo se había calmado, recuerdo que te dije que era hora que te fueras a tu cuarto. Me besaste de nuevo en la boca y me quedé sola en la sala. No me vestí, me quedé desnuda, no tenía sentido vestirse y el ambiente estaba tibio. Cuando ese primer orgasmo dejó de recorrerme y ya calmada, me fui a mi cuarto y por la puerta entreabierta del tuyo vi que tu leías antes de dormir.

Me metí en la cama y no intenté dormir, porque sabía que no podría hacerlo. Había dos razones para ese insomnio. Una era la visión de tu cuerpo desnudo, directo y absoluto en mi cerebro. Yo nunca te había visto desnuda desde cuando eras una chica. Tu figura de mujer adulta allí frente a mí y la suavidad infinita de tu cuerpo en mis manos, me había perturbado de tal forma que nunca he vuelto a verte de otra forma que no sea deseándote.

Fue ese deseo el que habría de llevarme a vagar por la ciudad y fue ese deseo el que me llevó a desnudarme para ti, porque de alguna manera tenía que decirte que así como yo te sentía una hembra deseable quería que tu supieras que en eso somos idénticas y que mi cuerpo gusta de ser visto y tocado, admirado y deseado.
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