Encuentro lesbico en la sauna (Relato Lesbico)

 


Somos dos chicas que somos amigas y algo mas, os quiero relatar un encuentro lésbico en la sauna

Un día decidimos ir a la sauna de un gimnasio, estábamos allí tumbadas, yo veía como el sudor salia de todos y cada uno de sus poros, también de los míos.

Salimos para darnos la ducha de agua fría, no pudiendo evitar arrimarme a su cuerpo demasiado, por lo que no pudimos aguantar calentarnos, suerte de que no había nadie mas en la sauna.

Cuando volvimos a entrar comenzamos a besarnos, nuestros pechos se rozaban con nuestros pezones totalmente erizados a consecuencia de la ducha fría.

Llevamos muchos años juntas, pero la pasión no se ha acabado, ademas con nuestros juguetes evitamos la rutina, pero ahí no teníamos ninguno.

Ella se puso delante de mi besándome muy apasionadamente, yo sentada en el banco alto delante de ella, tocaba sus pechos mientras nos besábamos.
Leer más

Caribe (Relato Lesbico)

 

Dos bellezas caribeñas se solazan en la playa. Aceptan la invitación de un rico paseante y terminan montando un número lésbico

El sol hace horas que se asoma sobre el azul horizonte que enfrenta a la inmensidad del cielo y el mar con los edificios descuidados y descoloridos que sin duda han conocido tiempos mejores.

Eva y Pamela tomaban el sol en la interminable playa de arena blanca, de arena de mármol molido, las dos solas como tantas veces, esperando despreocupadas y desocupadas la llegada del resto de los chicos de su pandilla. Es domingo, eso les ha permitido bajar antes a la playa. No diré que tienen una especial obsesión por ponerse morenas, pues no tienen el problema de mal color en la piel: Eva es mulata, y Pamela es morena.

Eva y Pamela se conocen desde siempre. Viven en el mismo barrio ruinoso desde toda la vida y han jugado juntas desde siempre, Son sus respectivas mejor amiga. Lo saben todo la una de la otra, pues todo se lo cuentan. Son como hermanas, y de hecho, se llaman la una a la otra “prima”.

Eva, la más morena, tiene ahora veintiún años, es de corpulencia mediana, pelo rizadísimo y largo, huelga decir que tiene unos ojos negros, y los labios carnosos y sensuales. La dulzura de su cara le hace tener muchos pretendientes en el barrio, pero ella se saber guardar para el hombre que le de una vida buena. Sus pechos son grandes y sus muslos en consonancia. Huelga decir que sus piernas son largas y su culo hermoso, bien hecho, de carne maciza.
Leer más

Mi primera experiencia lesbica 1 (Relato Lesbico)

 

Llevaba sin sexo 4 meses y tenía curiosidad por estar con una mujer, pero no tenía con quien

Hola, mi nombre es Paula, tengo 19, y solo he tenido sexo con un hombre en mi vida, fue este verano. A raíz de un distanciamiento con el, estuve sin sexo durante 4 meses. Como se podrán imaginar estaba a mil de lo excitada sin posibilidad de conseguir nada. Debo decirles que soy atractiva, alta, delgada, cabello castaño, tengo pechos pequeños pero buenas piernas y un culo bien parado que es la delicia de los hombres. Siempre observo como se dan vuelta por la calle, para verme el trasero. Tengo muchos pretendientes, pero no me va acostarme con cualquiera, trato de cuidar las formas.

Hace un tiempo me di cuenta que me atraen las mujeres, me masturbo regularmente pensando en ellas, a veces imagino que hago tríos con un hombre y una mujer. La mayor fuente de inspiración es mi tía, la hermana de mi madre que me pone a mil, es muy bonita.
Leer más

El internado (Relato Lesbico)

 

Un internado es el escenario del encuentro pero se ven sorprendidas por una joven monja

Tras el jardín del colegio, en la oscuridad de la tarde, se ocultaban los bloques de edificios. El internado fue la solución que mamá estimó conveniente para que tuviera una educación disciplinada. Apenas salíamos a la calle y el tiempo libre que las monjas nos dejaban era muy poco para intentar ir a una discoteca o algo por el estilo. Sola en un internado. En una ciudad extraña. Sola con unas amigas que también estaban solas.

En el internado compartía habitación con Marta, una chica de Santander. Marta estaba muy desarrollada para tener diecisiete años. Las dos conseguíamos sacar chocolatinas de la cocinas sin que las monjas lo advirtieran. Nos unió nuestro gusto por lo prohibido.

Los viernes por la tarde hacíamos las maletas y nos arreglábamos para pasar el fin de semana con nuestras respectivas familias. Mamá me recibía cada vez con más cariño porque notaba que en el internado estaba madurando y convirtiéndome en una señorita. Una de esas tardes, Marta se cepillaba el cabello delante del espejo de nuestra habitación. Llevaba puesta la falda plisada del uniforme y todavía no se había puesto la camisa. Sólo llevaba puesto el sujetador y estaba preciosa.
Leer más

En la mesa de masajes (Relato Lesbico)

 

Una chica ve cumplida su fantasía de que una mujer le haga un masaje hasta tener un orgasmo

Les voy a contar una historia que me pasó hace menos de un año que es el día de hoy que me acuerdo y me mojo toda. Fue tanto el placer y no la pude repetir nunca, increíblemente.

En un cumpleaños de una conocida de la facultad, a medida que nos fuimos quedando pocos la conversación se hizo más caliente y cada uno empezó a contar, típico, su fantasía sexual. En ese lugar no sabían de mis inclinaciones y conté una fantasía que tenía pero le cambié el sexo de mi “acompañante”. Les dije que me encantaría que un hombre me haga unos buenos masajes, profesionales, y que después una vez, relajada, me chupe la concha hasta hacerme acabar. Cómo verán, nada del otro mundo, pero era lo que se me ocurrió en ese momento. Uno de los chicos que estaba en la fiesta, me llevó a mi casa en su coche y me dijo que le encantaría ser ese masajista profesional, porque él también había tenido esa fantasía, con una mujer, la cumplía muy a menudo, y tenía conciencia lo hermoso que es.

Cómo la mano venía pesada, no tuve otro remedio que decirle que a mí me gustaban las mujeres y que en realidad, mi fantasía era con “una” masajista profesional. Para mi sorpresa, me dijo que el conocía un lugar dónde se podía hacer realidad lo que yo deseaba.
Leer más

Una carta para ti (Relato Lesbico)

 

Un bello sueño, un deseo femenino hacia otra mujer expresado con dulzura, anhelo y un aroma de suave erotismo.

Hola: Ayer tuve un buen sueño, contigo por supuesto. Quiero contártelo. Espero seguir soñando así.

Yo, como de costumbre, estaba sentada en el escritorio de mi oficina. Papeles por todas partes, algo de música, el teléfono sonando, gente pasando por afuera, entrecortada por la persiana que da independencia a mi sala de trabajo.

Te vi pasar varias veces. Seguía tus pasos, miraba tus caderas, miraba el movimiento del cabello. Pese a que llevamos varios meses de compañeras, nunca había reparado en el color de tu cabello, rojizo. Pero hoy, especialmente hoy, ese color provocaba en mi un sonido distinto, parecía que podía sentir el roce de tu cabello, el movimiento de tus caderas, el calor de tu sonrisa; simpática, alegre, humilde y hoy, particularmente hoy, provocativa.

Me desconcerté por unos momentos, mi boca más abierta de lo normal, mis brazos más relajados y mis piernas más cómodas que nunca. La sensación de relajo y libertad me invadía por primera vez en el trabajo. Mi propia oficina era escenario de un momento de bienestar, placer y ensoñación. Sin embargo, no eran mis brazos, ni mi boca ni mis piernas. Eran tus caderas, era tu cabello y era tu voz que me tenían así, atontada, relajada, atrevidamente desconcentrada de los papeles.
Leer más

La Fabrica (Relato Lesbico)

 

Un joven encargado de una fábrica ve a través de una ventana a dos chicas que se acarician en el vestuario de mujeres

Una típica jornada laboral se compone de diez horas de trabajo, divididas en dos turnos de cinco horas cada uno, a excepción de los viernes que sólo se hace el turno de cinco horas de la mañana, la plantilla es mixta compuesta por una cadena de montaje (exclusivamente masculina) y una cadena de terminado y empaquetado (exclusivamente femenina), por cierto yo soy jefe-administrativo encargado de la supervisión del buen funcionamiento de estas dos secciones, como he dicho los viernes se suele terminar a la una del mediodía a excepción de algunos viernes que por causas diversas se pueden llegar a hacer las dos o dos y media, en estos casos los operarios se suelen ir marchando conforme van acabando su tarea, las dos ultimas en irse siempre son Adela y Mª del Mar, en estas dos mujeres se va a concentrar el suceso que paso a contarles.

Adela es una mujer de mi quinta (treinta y tantos) pelo castaño oscuro liso y largo, en el trabajo suele llevarlo recogido en un precioso moño que deja ver su no menos maravilloso cuello, pechos generosos con unos hermosos pezones oscuros hechos para ser amamantados (el cómo lo sé es otro suceso que dejo para otra ocasión), 1.70 de altura, ojos castaños, boca sensual con un lunar irresistible junto a la comisura de los labios y un culo y piernas verdaderamente espectaculares. Mª del Mar es más joven no llega a la treintena también pelo castaño pero más claro y más corto y toda ella insinuante, ojos castaños, 1.68 de altura, sus pechos no tan grandes como los de Adela y sus pezones son más sonrosados y pequeños, lo que sí es comparable es su culo y sus piernas.
Leer más

,

Las cartas de Mercedes III (Relato Lesbico)

 

El encuentro entre las dos mujeres, los sexos que se unen, el lazo definitivo y sempiterno de amor

Querida tía Seni. No te puedo negar, porque me conoces, que tu ultima carta me ha hecho vibrar como tú sabes que puedo hacerlo. Es un hermoso recuerdo el que tenías guardado, sobre todo que me lo cuentas en forma tan real.

Tengo que admitir que en ese mismo tiempo yo experimentaba en mi mente y sobre todo en mi cuerpo tal cantidad de estímulos que se me hacía difícil ordenarlos y procesarlos, simplemente respondía a ello con mi fogosidad que despertaba como un huracán.

Cuando te despedías de mí y sentía el ruido de tu auto alejándose de la casa me metía desnuda en tu cama, que aún mantenía tu tibieza y te imaginaba conmigo. Sobre todo que esa cama tenía tu perfume de mujer y tu olor de hembra. Esos olores me embriagaban de una manera tan poderosa que ahora me doy cuenta que llegaba a tener orgasmos (en ese momento no lo sabía) tan sólo con esos estímulos.

Allí estaba, a veces, más de una hora, con mis solitarias fantasías. Un día recuerdo que mi excitación llegó al límite, porque antes de meterme en tu cama, encontré sobre las sábanas unos calzones tuyos, con los cuales al parecer habías dormido. Los llevé a mi rostro y los olía con pasión. Estaban húmedos aún, con tu humedad y entonces me los puse. Fue como sentir tu sexo junto al mío y me acaricié con ellos para que mis líquidos se encontraran con los tuyos y me sentía feliz porque te tenía conmigo.
Leer más

,

Las cartas de Mercedes I (Relato Lesbico)

 

Unas cartas de la sobrina a su tía van revelando el inicio de una relación lésbica

Querida Tía Seni:

Hace solamente algunas horas que te deje en el aeropuerto y ya he sentido deseos de escribirte. Me siento particularmente bien, instalada en este centro Universitario que con tanto criterio seleccionaste para que yo pudiese continuar mis estudios. Es algo que debere agradecerte toda la vida, como he de agradecerte todas y cada una de las cosas que haces por mi, absolutamente todas.

Estoy rodeada del mejor ambiente y de todos los recursos que existen para llevar a buen termino mis estudios. Hay aquí magnificas instalaciones y los estudiantes son muy simpáticos y educados, me siento muy bien, pero tú sabes que ello no será suficiente para mitigar tu ausencia. Considera, tía Seni, que prácticamente es la primera vez que nos separamos. Recuerdo con particular aprecio la ultima vez, que tan sólo por tres días, me marché a ese campamento de vacaciones de mi colegio al cual insististe que fuera. Yo cumplía 18 en ese momento y tu dijiste que era bueno que comenzara a hacerme independiente.

Cuando volví, con la piel totalmente abrasada por el sol quedaste alarmada al contemplarme y me pediste que fuera hasta tu cuarto para que pudieses aliviar mis dolores con una crema que tú tenías. Estoy segura que lo recuerdas y sabes por qué al igual que yo.
Leer más

Mi bella residente (Relato Lesbico)

 

Dos doctoras en una guardia del hospital terminan en la habitación de los residentes deleitándose juntas.

Estoy segura que al leer estas líneas muchos de mis amigos sabrán quién es la osada que rompe con los esquemas que nos impone la sociedad a las mujeres. Durante toda mi vida he sido muy popular, será por mi carácter amable y alegre o porque, como me dicen, tengo un cuerpo tan formidable que muchas veces a los chicos se les hace imposible verme sin dirigirme la palabra.

Me llamo Margarita y al momento hago mi residencia en el Hospital Primero de Mayo del Seguro Social. Tengo 28 años.

Hoy quiero compartir con toda la red una experiencia que me ocurrió no hace mucho, durante una guardia en el Hospital Rosales, mientras hacía mi internado en Cirugía. La noche había sido terrible y la faena ardua. De tal modo que a la una de la mañana estaba tan cansada que ya no podía más y casi me derrumbaba por el sueño. Así que para despabilarme un poco, salí del pabellón donde estaba de turno y me dirigí a la cafetería del hospital por un café. El resto de la madrugada se veía que iba a estar tranquilo. La emergencia estaba casi vacía, salvo por un par de heridos que habían llegado recién y ya eran atendidos por algunos compañeros.
Leer más